Recuedo que de niño cuando las sabritas eran la única marca de frituras, mi abuelo o mi papá me daban $5.00 para que cuando fuera a la tienda me comprará lo que deseara y a mi me encantaba comprar sabritas (en ese entonces costaban $5.00 pesos hablo de los 80's) luego entonces pasada la compra venía la más dificil decisión, por un lado podía comerlas una por una despacio sin morder de inmediato más bien quitandole su sabor y una vez quedando la papa sin sabor comer lo menos importante, la papa en si.
Esto no suena raro, la mayoria lo hacía incluso en público, pero el problema era que a mi me gustaba la opcion "B" digamos la menos ortodoxa y que se define por el acto de aplastar la bolsa de frituras hasta reducir su contenido a finas migajas para que acto seguido convencerme de que -si es tan infimo a lo que se redujo el contenido no merece más que ser comido de un solo bocado- y entoces llevarme todo a la boca.
Si alguno de ustedes lo hizo sabe a lo que me refiero...
La boca esta tan saturada de este polvo que cada masticada inunda la boca con sabor, en la lengua la sensación es de hormigueo, el paladar participa completo del festín y luego poco a poco este amasijo se empieza a resbalar hasta volverse un duro pedazo semejante a la plastilina que se mueve lentamente por el esofago

