martes, julio 26, 2005

Paseando en Baja California



La gente que vive en las ciudades de frontera poco o nada se parecen a los del resto de su Estado y hablando de esta mezcla para darles un ejemplo sucede que a la hora de comer lo mismo puedes encontrar mole oaxaqueño, chalupas poblanas, que miles de restaurante de comida china con reales asiaticos como meseros y verdaderos centroamericanos como cocineros (ahh que buena comida china preparan estos centroamericanos).
Pero para que hablarles de lo obvio, de lo que ya se sabe!! les voy a a contar de los sorprendido que estoy desde que llegue de ver que todos los días hay un montón de gringos gueritos (especialmente los fines de semana) deseando cruzar a México y haciendo filas en la frontera con nuestro país. Es de ver para creer ya que son cantidades inauditas y este fin de semana encontré la respuesta.
Resulta que no importa tu nacionalidad, de este lado del país les venden tierra Mexicana a cualquiera que tenga para pagarla y entonces mucha gente del otro lado tiene sus casas de fin de semana frente a la playa en lugares como Rosarito y todas las playas que sobre el Scenic Road llegan hasta Ensenada.
Siendo así todos los días se pueden ver camionetas (máxime en esta temporada) con remolques que llevan cuatrimotos, asadores, tiendas de campaña, montón de carros que llevan tablas de surf en los techos y claro que al más puro american way of life casas rodantes formadas para cruzar a México, en resumen las playas que eran propiedad de todos se han vuelto propiedades privadas.
La vida por estos rumbos es tan diversa como sus casí tres millones de habitantes yo por lo pronto este fin de semana viajé con Martiza y Constanza (in utero) desde Tijuana hasta Ensenada y los paisajes son tan hermosos que no sabría bien a bien como describirlos pero para dar una idea el mar se encuentra lo mismo con montañas que con desiertos y esa sensación de poder ver el mar desde las alturas es muy especial quizá porque las vistas ampliadas y las miradas que pueden perderse a lo lejos hipnotizan a propios y extraños de la región.
Para nada este mar se parece al mar del Caribe con sus tonos turquesa y sus arenas blancas pero sigue siendo mar y yo al final del día vuelvo a ser alguien que no deja de sorprenderse de lo mucho que hay que ver y todo lo que me falta por conocer del país en donde vivo.

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